Nuestro socorrista nos explica cómo vivió la parada cardiorrespiratoria en Pineda de Mar

El socorrista de Safety Guard nos explica cómo vivió la parada cardiorrespiratoria en Pineda de Mar

Tener conocimientos en primeros auxilios y actuar de forma rápida son aspectos claves ante cualquier emergencia

Después de una jornada laboral tranquila en una de las piscinas de Lloret Mar deseaba ir con bicicleta por la montaña. Llevaba un par de días sin hacer deporte y necesitaba realizar algún tipo de actividad para desconectar. Cuando llegué a mi casa, cogí la bicicleta y empecé a peladear sin tener una ruta planificada. Ese día estaba dispuesto a navegar por las montañas del Maresme.

Llevaba un buen rato por diferentes caminos y sin quererlo llegué hasta Calella por la montaña. Una vez en la cima contemple el cielo, era precioso, se veía un atardecer increíble, así que decidí dirigirme al paseo marítimo y disfrutar de la puesta del sol cerca de la orilla del mar, pero mi imaginario se vio alterado por una realidad que nunca me imaginé vivir.

Mientras me dirigía al paseo marítimo se bajaron las barreras de la vía del tren de Pineda, por lo tanto, me tocó esperar a que el tren pasara. Cada vez se iba acumulando más gente y la espera se hizo larga. Pasados unos minutos la barrea se subió y enfrente mío un hombre cayó al suelo. Mi primer pensamiento fue: este hombre se ha doblado el pie debido a la cantidad de gente. Decidí acercarme e interesarme por él, pero mi pronóstico inicial no tenía nada que ver con la realidad.

El hombre estaba tendido en el suelo sufriendo una parada cardiorrespiratoria, aunque seguía teniendo pulso. Lo primero que hice fue seguir el protocolo PAS: prevenir, avisar y socorrer. Así que llame al 112 (Centre d’emergències sanitarias de Catalunya) y le di toda la información necesaria. Acto seguido empecé a pedir ayuda, pero desgraciadamente para mi sorpresa, muchísima gente se empezó a amontonar, sin que nadie me ayudara. Como tenía pulso decidí no hacerle las maniobras de RCP aunque me encargué de mantenerle las vías respiratorias abiertas y pedir desesperadamente un DEA, cosa que no pudimos encontrar.

Pasado unos minutos, que para mí fueron unos segundos, llegó la ambulancia y justo en ese momento entro en parada cardiorrespiratoria. La policía municipal también llegó para despejar la zona. Como solo eran dos sanitarias me quede ayudándolas y posteriormente vino una transeúnte que era enfermera y entre los cuatro empezamos a hacer todas las maniobras de RCP. A medida que fueron pasando los minutos llegó la avanzada, los bomberos y el helicóptero, así que me desvinculé de las maniobras, cogí mi bici y emprendí el camino para regresar a mi casa.

Tenía mucha tristeza que se complementaban con un gran remordimiento, ya que no sabía si lo había hecho bien. Además, la incertidumbre respecto la vida de ese hombre me generaba mucha preocupación. La emoción se apoderó de mí y gracias a una pareja, que se acercó, me pude tranquilizar. El viaje en bicicleta hasta mi casa fue duro.

Pasado unos días y a través del noticiero local uno de los familiares se puso en contacto conmigo para agradecerme a mí y a todas las personas que participaron, la acción que habíamos hecho para salvar la vida de su padre. Cuando leí ese escrito sentí un alivio, el hombre estaba vivo. A raíz de ese momento me quedé analizando todas las causas que me llevaron a estar en ese preciso momento y me di cuenta de que la vida es mucho más grande de lo que realmente imaginamos.

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